LA IMPORTANCIA DE LA MEMORIA HISTÓRICA Y EL SENTIDO DE LA TRADICIÓN

Reapropiarse del pasado, lleva a una mejor auto comprensión… es un modo de salvaguardar, incluso, la identidad y la libertad del hombre.

La influencia de un marcado relativismo de la cultura actual, ha pretendido conducir al ser humano a una cierta “atemporalidad”; movido por una presunta “intensidad” de vivir el hoy, el ser humano frecuentemente renuncia a su propia historicidad, relegando, si no es que olvidando, una parte importante de su vida que le ha dado un modo de ser único e irrepetible… le ha dado una identidad, un modo propio de ser en el mundo… A mediados del siglo V, escribía Teodoreto de Ciro (+466) en el exordio de su Historia Eclesiástica (I,1), a propósito del valor de la memoria histórica:

Los pintores, cuando pintan sobre las mesas o sobre las paredes las historias pasadas, no sólo alegran los ojos de quien observa, sino incluso conservan viva, por largo tiempo la memoria de los acontecimientos pasados. Por su parte, los escritores de historia que usan los libros en lugar de mesas y en lugar de colores adoptan la tinta del discurso, ofrecen un recuerdo de las acciones gloriosas pasadas de gran largueza, más aún durables y estables. Se sabe, en efecto, que la obra de los pintores con el tiempo se desgasta. Por esta razón decidí otorgar a los escritos cuanto falta aún, en la Historia Eclesiástica. Consideré, en efecto, injusto permanecer indiferente, ante el hecho que la gloria de sucesos realmente famosos y el fruto de útiles narraciones vengan entregados al olvido.

El interés de Teodoreto al presentar la imagen del “fresco” o del “cuadro” se concentra, más que en el contenido estético que permite admirarlo, en la urgente necesidad de rescatar la memoria e impedir que ésta se diluya y, junto con ella, desaparezca la lección de la historia. La misma idea resuena en el prefacio de su Historia de los monjes de Siria, al hacer referencia a hombres ilustres que dejaron al cristianismo un legado importante desde su mismo testimonio de vida:

Puesto que el tiempo como trae daño al cuerpo con la vejez y la muerte y así con el olvido extiende un velo sobre las acciones dignas de alabanza, ninguno, en realidad, podrá reclamarme de poner por escrito la conducta de hombres enamorados de Dios. Como aquellos que tienen la tarea de sanar los cuerpos, preparan medicinas, combaten el mal, llevan ayuda a quien sufre, así el empeño en escribir representa un fármaco saludable que combate el olvido y alimenta la memoria.

Para Teodoreto constituye una imperdonable forma de injusticia la indiferencia ante el pasado, la memoria histórica garantiza la propia identidad sea personal o colectivamente, por tanto perderla comporta consecuentemente una pérdida de identidad. Por el contrario, reapropiarse del pasado, lleva a una mejor auto comprensión; el recurso a la heredad histórica y su escucha es un modo de salvaguardar, incluso, la identidad y la libertad del hombre. La continua invitación de la Iglesia de hoy a volver a las fuentes, es una invitación a recuperar el valor y el sentido mismo de la Tradición, sin olvidar, claro está, la tradición siempre viva de la Iglesia a lo largo de los siglos. En este sentido, la historicidad y la consecuente valoración  de la Tradición en la Iglesia, nos pone de cara a la experiencia de las primeras comunidades cristianas; como dijera Von Balthasar: “Ser fieles a la tradición… significa imitar la actitud de íntima meditación y el audaz esfuerzo creativo de nuestros Padres en la fe”.