Misterio, canto y poesía: Soneto a Jesús crucificado

A pesar de las muchas atribuciones de posibles autores basado en su estilo y ornato, la fuente ha quedado, para la historia, en el anonimato, así sucede cuando la poesía toca el misterio mismo del amor de Dios y el grito suplicante de la criatura que lucha entre el deseo de contemplar a su Dios de cara a sus propias limitaciones…

No me mueve mi Dios para quererte

el cielo que me tienes prometido,

ni me mueve el infierno tan temido

para dejar por eso de ofenderte.

 

Tu me mueves, Señor, muéveme al verte

clavado en una cruz y escarnecido,

muéveme ver tu cuerpo tan herido,

muéveme tus afrentas y tu muerte.

 

Muéveme, en fin, tu amor y en tal manera,

que aunque no hubiera cielo, yo te amara,

y aunque no hubiera infierno, te temiera.

 

No me tienes que dar porque te quiera,

pues aunque lo que espero no esperara,

lo mismo que te quiero te quisiera…

Soneto a Jesús crucificado, en canto. Autor anónimo

 

Versión de Angelí y Ernesto

 

Versión coral, música sacra

 

Versión a dueto y guitarra

 

 

Versión declamada
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Performance: Desafíos de la vida

Cinco minutos para hacer un alto en el camino y reflexionar sobre los principales retos a afrontar, a fin de vivir una vida plena… Saberse amado por Dios infunde confianza para afrontar las dificultades y obtener la victoria… RECOMENDADO a tono con el tiempo…

Performance para meditar sobre el auténtico sentido de la vida

NADA MEJOR QUE UN ¡¡MENÚ CUARESMAL!!

¡¡Menús para la CUARESMA 2011!!!

Ofrecemos una dieta variada, sabrosa y equilibrada para cada día

 

***Elija entre nuestros suculentos platos lo que más le convenga***

 

 

 

Primer Plato: ABSTINENCIA”. Como primer plato recomendamos la ABSTINENCIA en sus diversas modalidades y presentaciones.

  1. ABSTINENCIA de comer carne los viernes de Cuaresma. Aunque sólo afecta a los mayores de 14 años, uno, si quiere, también se puede servir.
  2. ABSTINENCIA de ver algunos programas de Televisión con alto contenido cárnico (Plato recomendado por la casa).
  3. ABSTINENCIA de comer mucho de lo que más me gusta, poco de lo que me gusta menos, y otros caprichosos gustitos.
  4. ABSTIENCIA de ser un poco “chuleta” y tratar mal, o con poco cariño, a los que me rodean.
  5. ABSTINENCIA de navegar por “internet” sin rumbo fijo, chatear sin necesidad, (picar entre horas engorda muchísimo).
  6. ABSTINENCIA de ………………………………………………………………………………

Segundo Plato “AYUNO”. El AYUNO no puede faltar en sus menús de Cuaresma. Se puede elegir en sus dos versiones: “Mayores de 18 años”y “Menores de 18 años”

 

  1. Para los mayores de 18 años, guardar AYUNO el Miércoles de Ceniza y el Viernes Santo. Se trata de hacer una sola comida al día acompañada de un ligero desayuno y una cena frugal.
  2. Los siguientes AYUNOS son válidos, también, para los menores de 18 años.
  3. AYUNO de robar curiosear, mentir, engañar, contar bolas.
  4. AYUNO de criticar, protestar, quejarse, perder el tiempo.
  5. AYUNO de…………………………………………………………………………………………
  6. AYUNO de…………………………………………………………………………………………

Guarniciones y Ensaladas: “ORACIONES”. Pueden acompañar cualquiera de los platos anteriores. Se pueden servir tanto en frío como en caliente. Recomendamos según las horas:

 

  1. Ofrecimiento de obras: “Te ofrezco, Padre, todo el día, mis oraciones, pensamientos, afectos deseos, alegrías y sufrimientos, en unión de Jesucristo por la salvación el mundo…”; “Oh Señora mía, Oh Madre mía, yo me ofrezco de todo a ti…”. (Desayuno. Se sirve fuera de la cama).
  2. “Angelus”: El Ángel del Señor anunció a María… (hacia 12 de la mañana).
  3. “Bendición de la mesa” (Excelente aperitivo para abrir el apetito).
  4. Visita al Santísimo” (el mejor vino de la casa).
  5. Santo Rosario” acompañado de Ensalada de Piropos a la Madre en su presentación de Letanías” (En cualquier momento).
  6. Tiempo de “Oración Mental” (p. ej.: lectura del Evangelio del día meditado).
  7. Ensalada Mixta de Jaculatorias: “Señor, tú eres mi refugio”; “Dios mío y Señor mío”; “Todo por ti, Señor”; “Confío en ti, porque Tú eres mi Padre”; “Madre, ayúdame”; “Virgen Madre, quien me mire te vea”… (En cualquier momento).
  8. “Tres Avenarías y Examen de Conciencia” (estupendo para tener dulces sueños).

Postres: “ REPOSTERÍA DE CALIDAD”

Nuestros refinados reposteros recomiendan para esta Cuaresma:

 

  1. Endulza tu Cuaresma con la Comunión frecuente: miel en los labios y alegría en el corazón.
  2. Aconsejamos también que prueben un encuentro frecuente con Cristo en la Confesión Sacramental .

Menú tomado de la casa patrocinadora: Parroquia de Nuestra Señora del Carmen, Barrio del Hueso, Centro, Acapulco, Gro.

¡¡¡Recomendado por expertos… tu Caminar hacia la PASCUA DEL SEÑOR será todo un éxito!!!

POR UN POCO DE TIERRA

 

Cuentos que son más que cuentos… una enseñanza para la vida… De los cuentos de M. Menapace, benedictino argentino.

Esto sucedió cuando se repartía la tierra en un reino muy lejos de aquí y hace mucho tiempo. El rey reunió a todos los de su pueblo y les propuso que cada uno eligiese un pedazo de campo para cultivar según las necesidades y aspiraciones que tuviese. Entre los que se presentaron a solicitar un trozo de tierra se encontraba una persona sumamente ambiciosa, que quería desmedidamente ser dueño de una gran extensión. El rey lo sabía. Cuando estuvo en su presencia y escuchó su pedido, el monarca le aseguró que se convertiría en dueño de toda aquella tierra que lograra encerrar en un círculo caminando de sol a sol durante una jornada entera. Pero que sin falta tendría que cerrar el circuito antes de que se pusiera el sol, porque de lo contrario nada recibiría.

Entusiasmado por la idea, el hombre partió apenas despuntado el sol, lleno de bríos y dispuesto a abarcar el máximo de terreno que pudiese. Se lanzó a la carrera bordeando un arroyo, y cada vez que encontraba un paso para vadearlo con el fin de ir cerrando el periplo, se le aparecía un paisaje que lo tentaba a abarcarlo también dentro de sus ambiciones. Se decía que con solo correr un poco más rápido lograría ser dueño también de aquella región. Corrió y corrió. Cuando mediaba el día, se encontraba ya muy lejos y comenzó a realizar el arco que le permitiese retornar al punto de partida antes de la puesta del sol cerrando el círculo. Pero ello significaba que su camino de regreso tendría que ser mucho más largo que lo realizado hasta ese momento. Apuró la carrera, siempre tentado por una pradera nueva, un arroyo cristalino que le cerraba el paso, o un valle encantador que no se quería perder.

A media tarde ya no daba más. Pero sacando fuerzas de sus mismas ambiciones, continuó su carrera cada vez más veloz. Y cuando faltaba solo una hora para que muriera el día temió no llegar a tiempo. Enderezó decididamente hacia la meta que se le aparecía cada vez más imposible de alcanzar, pero absolutamente necesaria para darle sentido al proyecto al que él mismo se había condenado. Todo el pueblo se había reunido para verlo llegar. El rey ocupaba su trono y como juez dictaminaría sobre el resultado y el fiel cumplimiento de los términos. Con la mirada lo habían seguido durante toda la jornada contemplando cómo, frente a cada decisión, había optado siempre por la seducción de sus ambiciones, calculando imprudentemente sus posibilidades. El último trecho era un camino recto que trepaba la colina donde se lo esperaba. Su corazón ya no daba más y sus músculos, exigidos al máximo, se negaban a responder a su voluntad. Pero había que llegar. Porque el sol ya estaba por tocar el horizonte, y bajaba inexorablemente hacia su ocaso.

¡¡Y llegó!! Pero fue sólo para derrumbarse fulminado por un infarto a los pies del rey, con el corazón agotado por el cansancio de aquella insensata carrera. Cuando lo llevaron a enterrar, todo el pueblo constató la realidad: ¡¡qué poco lugar bastaba para su sepultura!! Y que ésta, era el único trozo de tierra que en realidad había logrado conseguir con sus locas ambiciones.

LOS ANTEOJOS DE DIOS

 

Una historia capaz de cambiar la orientación de la tuya. De los cuentos de M. Menapace, benedictino argentino.

El cuento trata de un difunto. Ánima bendita camino del cielo donde esperaba encontrarse con Tata Dios para el juicio sin trampas y a verdad desnuda. Para nada iba tranquilo. Y no era para menos, porque en la conciencia a más de llevar muchas cosas negras, tenía muy pocas positivas que hacer valer. Buscaba ansiosamente aquellos recuerdos de buenas acciones que hubiera hecho en sus largos años de usurero. Había encontrado en los bolsillos del alma unos pocos recibos que decían: "Que Dios se lo pague", medio arrugados y amarillentos por lo viejos. Fuera de eso, bien poca cosa había. Pertenecía a los ladrones de saco y sombrero elegante, de quienes comentó un poeta: "No dijo malas palabras, ni realizó cosas buenas". Parece que en el cielo las primeras se perdonan y las segundas se exigen. Todo esto ahora lo veía clarito. Pero ya era tarde. La cercanía del juicio de Tata Dios lo tenía a muy mal traer.

Se acercó despacito a la entrada principal, y se extrañó mucho al ver que allí no había que hacer cola. O bien no había demasiados clientes, o quizá los trámites se realizaban sin complicaciones.

Quedó realmente desconcertado cuando se percató, no solo de que no se hacía cola, sino que las puertas estaban abiertas de par en par, y además no había nadie para vigilarlas. Golpeó las manos y gritó el "Ave María Purísima". Pero nadie le respondió. Miró hacia adentro, y quedó maravillado de la cantidad de cosas bellas que se distinguían. Pero no vio a ninguno. Ni ángel, ni santo, ni nada que se le pareciera. Se animó un poco más y la curiosidad lo llevó a cruzar el umbral de las puertas celestiales. Y nada. Se encontró perfectamente dentro del Paraíso sin que nadie se lo impidiera.

¡Caramba -se dijo- parece que aquí todos deben ser gente muy honrada! ¡Mira que dejar todo abierto y sin guardia que vigile! Poco a poco fue perdiendo el miedo, y fascinado por lo que veía se fue adentrando por los patios de la Gloria. ¡Realmente una preciosura! Era para pasarse allí una eternidad mirando, porque a cada momento uno descubría realidades asombrosas y bellas.

De patio en patio, de jardín en jardín, y de sala en sala se fue internando en las mansiones celestiales, hasta que desembocó en lo que tendría que ser la oficina de Tata Dios. Por supuesto, estaba abierta también ella de par en par. Titubeó un poquito antes de entrar. Pero en el cielo todo termina por inspirar confianza. Así que penetró en la sala, ocupada en su centro por el escritorio de Tata Dios. Y sobre el escritorio estaban sus anteojos. Nuestro amigo no pudo resistir la tentación, –santa tentación al fin — de echar una miradita hacia la tierra con los anteojos de Tata Dios. Y fue un ponérselos y caer en éxtasis. ¡Qué maravilla! Se veía todo clarito y patente. Con esos anteojos se lograba ver la realidad profunda de todo y de todos sin la menor dificultad. Pudo mirar lo profundo de las intenciones de los políticos, las auténticas razones de los economistas, las tentaciones de los hombres de iglesia, los sufrimientos de las dos terceras partes de la humanidad. Todo estaba patente a los anteojos de Dios, como afirma la Biblia.

Entonces se le ocurrió una idea. Trataría de ubicar a su socio de la financiera para observarlo desde esta situación privilegiada. No le resultó difícil conseguirlo. Pero lo agarró en un mal momento. En ese preciso instante su colega estaba estafando a una pobre mujer viuda mediante un crédito bochornoso que terminaría de hundirla en .la miseria por "sécula seculorum" (en el cielo todavía se entiende latín). Y al ver con meridiana claridad la cochinada que su socio estaba por realizar, le subió al corazón un profundo deseo de justicia. Nunca le había pasado algo así en la tierra. Pero, claro, ahora estaba en el cielo.

Fue tan ardiente este deseo de hacer justicia, que sin pensar otra cosa, buscó a tientas debajo de la mesa el banquito de Tata Dios, y revoleándolo por sobre su cabeza lo lanzó a la tierra con una tremenda puntería. Con semejante teleobjetivo el tiro fue certero. El banquito le pegó un formidable golpe a su socio, tumbándolo allí mismo.

En ese momento se sintió en el cielo una gran algarabía: era Tata Dios que retornaba con sus angelitos, sus santas vírgenes, confesores y mártires, luego de un día de picnic realizado en los collados eternos. La alegría de todos se expresaba hasta por los poros del alma, haciendo una algarabía celestial.

Nuestro amigo se sobresaltó. Como era pura alma, el alma no se le fue a los pies, sino que trató de esconderse detrás del armario de las indulgencias. Pero ustedes comprenderán que la cosa no le sirvió de nada. Porque a los ojos de Dios todo está patente. Así que fue no más entrar y llamarlo a su presencia. Pero Dios no estaba irritado. Gozaba de muy buen humor, como siempre. Simplemente le pregunto qué estaba haciendo.

La pobre alma trato de explicar balbuceando que había entrado a la gloria, porque estando la puerta abierta nadie le había respondido, y él quería pedir permiso, pero no sabía a quien.

-No, no -le dijo Tata Dios- no te pregunto eso. Todo está muy bien: Lo que te pregunto es lo que hiciste con mi banquito donde apoyo los pies.

Reconfortado por la misericordiosa manera de ser de Tata Dios, el pobre tipo se fue animando y le contó que había entrado en su despacho, había visto el escritorio y encima los anteojos, y que no había resistido la tentación de colocárselos para echarle una miradita al mundo. Que le pedía perdón por el atrevimiento.

-No, no -volvió a decirle Tata Dios-. Todo eso está muy bien. No hay nada que perdonar. Mi deseo profundo es que todos los hombres fueran capaces de mirar el mundo como yo lo veo. En eso no hay pecado. Pero hiciste algo más. ¿Qué pasó con mi banquito donde apoyo los pies?

Ahora sí el ánima bendita se encontró animada del todo. Le contó a Tata Dios en forma apasionada que había estado observando a su socio justamente cuando cometía una tremenda injusticia, y que le había subido al alma un gran deseo de justicia, y que sin pensar en nada había manoteado el banquito y se lo había arrojado por el lomo.

-¡Ah no! -volvió a decirle Tata Dios. Ahí si que te equivocaste. No te diste cuenta de que si bien te habías puesto mis anteojos, te faltaba tener mi corazón. Imagínate que si yo cada vez que veo una injusticia en la tierra me decidiera a tirarles un banquito, no alcanzarían los carpinteros de todo el universo para abastecerme de proyectiles. No m’hijo, no. Hay que tener mucho cuidado con ponerse mis anteojos, si no se está bien seguro de tener también mi corazón. Sólo tiene derecho a juzgar, el que tiene el poder de salvar.

Y Tata Dios poniéndole la mano sobre el hombro le dijo con afecto de Padre: -Vuélvete ahora a la tierra. Y en penitencia, durante cinco años reza todos los días esta jaculatoria: "Jesús, manso y humilde de corazón dame un corazón semejante al tuyo".

Y el hombre se despertó todo transpirado, observando por la ventana entreabierta que el sol ya había salido y que afuera cantaban los pajaritos.

Hay historias que parecen sueños. Y sueños que podrían cambiar la historia.

PROPÓSITOS DE UN PERRO… ¡¡AUNQUE USTED NO LO CREA!!

Una reflexión que brota de la intuición y el asombro de un niño de seis años… para enseñanza de los racionales

Siendo veterinario, fui llamado para examinar a un Sabueso Irlandes de 10 años de edad llamado Belker. Los dueños del perro: Ron, su esposa Lisa y su pequeño Shane, estaban muy apegados a Belker, y estaban esperando un milagro.
Examiné a Belker y descubrí que estaba muriendo de cáncer. Dije a su familia que no podíamos hacer ya nada por Belker, y me ofrecí para llevar cabo el procedimiento de eutanasia en su casa.
Hicimos los arreglos necesarios, Ron y Lisa dijeron que sería buena idea que el niño de 6 años, Shane, observara el suceso. Ellos sintieron que Shane podría aprender algo de la experiencia. Al día siguiente, sentí la familiar sensación en mi garganta cuando Belker fue rodeado por la familia. Shane se veía tranquilo, acariciaba al perro por última vez, y yo me preguntaba si él comprendía lo que estaba pasando. En unos cuantos minutos  Belker se quedó dormido pacíficamente para ya no despertar.
El pequeño niño pareció aceptar la transición de Belker sin ninguna dificultad o confusión. Nos sentamos todos por un momento preguntándonos el porqué del lamentable hecho de que la vida de las mascotas sea mas corta que la de los humanos. Shane, que había estado escuchando atentamente, dijo: ”Yo se porqué”
Sorprendidos, todos volteamos a mirarlo. Lo que dijo a continuación me maravilló, nunca he escuchado una explicación más reconfortante que ésta. En ese momento, cambió mi forma de ver la vida. Dijo: ”La gente viene al mundo para aprender cómo vivir una buena vida, como amar a los demás todo el tiempo y ser buenas personas, ¿verdad?”
El niño de 6 años continuó: ”Bueno, como los perros ya saben como hacer todo eso, pues no tienen que quedarse por tanto tiempo como nosotros.”
– Vive sencillamente.
– Ama generosamente.
– Quiere profundamente.
– Habla amablemente.
Recuerda, si un perro fuera tu maestro, aprenderías cosas como:
– Cuando tus seres queridos llegan a casa, siempre corre a saludarlos.
– Nunca dejes pasar una oportunidad para ir a pasear.
– Deja que la experiencia del aire fresco y del viento en tu cara sea de puro éxtasis.
– Toma siestas.
– Estírate antes de levantarte.
  – Corre, brinca y juega a diario.
– Mejora tu atención y deja que la gente te toque.
– Evita morder cuando un simple gruñido seria suficiente. – En días cálidos, recuéstate sobre tu espalda en el pasto.
– Cuando haga mucho calor, toma mucha agua y recuéstate bajo la sombra de un árbol.
– Cuando estés feliz, baila alrededor, y mueve todo tu cuerpo.
– Deléitate en la alegría simple de una larga caminata.
– No te olvides de los que te acariciaron con amor.
– Se leal.
– Nunca pretendas ser algo que no eres.  
– Si lo que quieres esta enterrado, escarba hasta que lo encuentres.
– Cuando alguien tenga un mal día, quédate en silencio, siéntate cerca y suavemente hazles sentir que estas ahí.

ELIGIENDO CRUCES

Un cuentito a propósito de la Cuaresma, para nuestra reflexión. De: Cuentos de M. Menapace, Monje Benedictino

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Esta es una de las historias del tiempo viejo, aquellas de cuando Dios todavía se revelaba en sueños, o al menos de cuando la gente todavía acostumbraba a soñar con Dios. Y era con Dios que un caminante había estado dialogando toda aquella tarde. ¡Bueno!, tal vez sería mucho hablar de diálogo, ya que no tenía muchas ganas de escuchar sino de hablar y desahogarse.

El hombre llevaba una buena carga de años, sin haber llegado a viejo. Sentía en sus piernas el cansancio de los caminos, luego de haber andado toda la tarde bajo la fría llovizna, con un mono al hombro y bordeando las vías del ferrocarril, pues hacía ya tiempo que se había largado a vagabundear, abandonando – vaya usted a saber por qué – a su familia, su pago y sus amigos. Un poco de amargura guardaba por dentro, y la había venido rumiando despacio como para acompañar la soledad.

Finalmente llegó mojado y resfriado hasta la estación solitaria del ferrocarril, a la costa de aquello que hubiera querido ser un pueblito, pero que de hecho nunca pasó de ser un conjunto de casas que actualmente se estaban despoblando. No le costó conseguir permiso para pasar la noche al reparo de una de las grandes bodegas de zinc. Allí hizo un fueguito, y en un tarro que oficiaba de ollita recalentó el estofado que le habían dado al mediodía en la estancia donde pasara la mañana. Reconfortado por dentro, preparó su cama: un trozo de plástico negro como colchón que evitaba la humedad. Encima dos o tres bolsas que llevaba en el mono, más un par de otras que encontró allí. Para taparse tenía una cobija vieja, escasa de lana y abundante en vida menuda. Como quien se espanta un peligro de enfrente, se santiguó y rezó el “Bendito” que le enseñara su madre.

Tal vez fuera la oración familiar la que lo hizo pensar en Dios. Y como no tenía otro a quien quejarse, se las agarró con el Todopoderosos reprochándole su mala suerte. A él tenían que tocarle todas. Pareciera que el mismo Tata Dios se las había agarrado con él, cargándole todas las cruces del mundo. Todos los demás eran felices, a pesar de no ser tan buenos y decentes como él. Tenían sus camas, su familia, su casa, sus amigos. En cambio aquí lo tenía a él, como si fuera un animal, arrinconado en un galpón, mojado por la lluvia y medio muerto de hambre y de frío. Y con estos pensamientos se quedó dormido, porque no era hombre de sufrir insomnios por incomodidades. No tenía preocupaciones que le quitaran. En el sueño va y se le aparece Tata Dios, que le dice:

-Vea, amigo. Yo ya estoy cansado de que los hombres se me anden quejando siempre. Parece que nadie está conforme con lo que yo le he destinado. Así que desde ahora le dejo a cada uno que elija la cruz que tendrá que llevar. Pero después no me vengan con quejas. La que agarren tendrán que cargarla para el resto del viaje y sin protestar. Y como usted está aquí, será el primero a quien le doy la oportunidad de seleccionar la suya, vea, acabo de recorrer el mundo retirando todas las cruces de los hombres, y las he traído a este galpón grande. Levántese y elija la que le guste.

Sorprendido el hombre, mira y ve que efectivamente el galpón estaba que hervía de cruces, de todos los tamaños, pesos y formas. Era una barbaridad de cruces las que allí había: de fierro, de madera, de plástico, y de cuanto material uno pudiera imaginarse.

Miró primero al lado donde quedaron las más chiquitas. Pero le dio vergüenza pedir una tan pequeña. El era un hombre sano y fuerte. No era justo siendo el primero quedarse con una tan chica. Buscó entonces entre las grandes, pero se desanimó enseguida, porque se dio cuenta que no le daba el hombro para tanto; fue entonces y se decidió por una de tamaño medio: ni muy grande, ni tan chica.

Pero resulta que entre éstas, las había sumamente pesadas de quebracho, y otras livianitas de cartón como para que jugaran los muchachitos. Le dio no sé qué elegir una de juguete, y tuvo miedo de jalar una de las pesadas. Se quedó a mitad de camino, y entre las medianas de tamaño prefirió una de peso regular.

Faltaba con todo tomar aún otra decisión. Porque no todas las cruces tenían la misma terminación. Las había lisitas y parejas, como cepilladas a mano, lustrosas por el uso. Se acomodaban perfectamente al hombro y de seguro no habrían de sacar ampollas con el roce. En cambio había otras un poco brutas, fabricadas en hacha y sin cuidado, llenas de rugosidades y nudos. Al menor movimiento podrían sacar heridas. Le hubiera gustado quedarse con la mejor que vio. Pero no le pareció correcto. El era hombre de campo, acostumbrado a llevar el mono al hombro durante horas. No era cuestión ahora de hacerse el delicado. Tata Dios lo estaba mirando, y no quería hacer mala letra delante de él. Pero tampoco andaba con ganas de hacer bravatas y llevarse una que lo lastimara toda la vida. Se decidió por fin y tomando de las medianas de tamaño, la que era regular de peso y acabado, se dirigió a Tata Dios diciéndole que elegía para su vida aquella cruz. Tata Dios lo miró a los ojos, y muy en serio le preguntó si estaba seguro de que se quedaría conforme en el futuro con la elección que estaba haciendo. Que lo pensara bien, no fuera que más adelante se arrepintiera y le viniera de nuevo con quejas.

Pero el hombre se afirmó en lo hecho y garantizó que realmente lo había pensado muy bien, y que con aquella cruz no habría problemas, que era la justa para él, y que no pensaba retirar su decisión. Tata Dios casi riéndose le dijo:

-Ven, amigo. Le voy a decir una cosa. Esa cruz que usted eligió es justamente la que ha venido llevando hasta el presente. Si se fija bien, tiene sus iniciales y señas. Yo mismo se la he sacado esta noche y no me costó mucho traerla, porque ya estaba aquí. Así que de ahora en adelante cargue su cruz y sígame, y déjese de protestas, que yo sé bien lo que hago y lo que a cada uno le conviene para llegar mejor hasta mi casa.

Y en ese momento el hombre se despertó, todo adolorido del hombro derecho por haber dormido incómodo sobre el duro piso del galpón.

A veces se me ocurre pensar que si Dios nos mostrara las cruces que llevan los demás, y nos ofreciera cambiar la nuestra, cualquiera de ellas, muy pocos aceptaríamos la oferta. Nos seguiríamos quejando lo mismo, pero nos negaríamos a cambiarla. No lo haríamos, ni dormidos.