Misterio, canto y poesía: Soneto a Jesús crucificado

A pesar de las muchas atribuciones de posibles autores basado en su estilo y ornato, la fuente ha quedado, para la historia, en el anonimato, así sucede cuando la poesía toca el misterio mismo del amor de Dios y el grito suplicante de la criatura que lucha entre el deseo de contemplar a su Dios de cara a sus propias limitaciones…

No me mueve mi Dios para quererte

el cielo que me tienes prometido,

ni me mueve el infierno tan temido

para dejar por eso de ofenderte.

 

Tu me mueves, Señor, muéveme al verte

clavado en una cruz y escarnecido,

muéveme ver tu cuerpo tan herido,

muéveme tus afrentas y tu muerte.

 

Muéveme, en fin, tu amor y en tal manera,

que aunque no hubiera cielo, yo te amara,

y aunque no hubiera infierno, te temiera.

 

No me tienes que dar porque te quiera,

pues aunque lo que espero no esperara,

lo mismo que te quiero te quisiera…

Soneto a Jesús crucificado, en canto. Autor anónimo

 

Versión de Angelí y Ernesto

 

Versión coral, música sacra

 

Versión a dueto y guitarra

 

 

Versión declamada
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