Profeta y Pastor: Don Samuel Ruíz

Biografía tomada del mensaje de Mons. Felipe Arizmendi y Mons. Enrique Díaz, con motivo del fallecimiento de Mons. Samuel Ruíz García, obispo emérito de San Cristóbal.

Sami   escudosami
Tatic_Sam  

Nació el 3 de Noviembre de 1924, en Irapuato, Gto. Sus estudios los hizo en el Seminario de León, Gto.  Fue enviado a Roma para estudios especializados en Sagrada Escritura, en la Pontificia Universidad Gregoriana y en el Instituto Bíblico, obteniendo el Doctorado.

De 1952 a 1959, fue profesor, prefecto de estudios y rector del Seminario de León.

Fue nombrado Obispo de Chiapas el 14 de Noviembre de 1959 por el Papa Juan XXIII, y consagrado en la Catedral de San Cristóbal de Las Casas el 25 de Enero de 1960, siendo el Obispo No. XXXV de esta diócesis.

Ha recibido distintos reconocimientos, distinciones, pre­mios y medallas en diferentes partes del mundo.

Participó en las cuatro Sesiones del Concilio Vaticano II, de 1962 a 1965.

De 1965 a 1973 presidió, en la Conferencia Episcopal de México, la Comisión para Indígenas, infundiendo un espíritu renovador a la pastoral indígena.

En 1968 participó en la II Conferencia del Episcopado Latinoamericano, en Medellín, Colombia, como ponente y fue elegido Presidente del Departamento de Misiones en el CELAM, al que competía la pastoral indígena.

En 1970 convocó y presidió el Encuentro de “Xicotepec”, que dio un giro a la pastoral indígena: Ya no debe ser una pastoral indigenista, en la que los indígenas son sólo objetos o destinatarios de la evangelización y de la pastoral, sino que ellos crezcan y sean sujetos en la Iglesia y en la sociedad.

En 1974, el gobierno estatal le confió la realización del Congreso Indígena, en que las diferentes etnias de Chiapas dieron su palabra y demandaron sus derechos.

En 1975, convocó la primera de las Asambleas Diocesanas, que se han venido desarrollando sin interrupción hasta la fecha.

En 1975, inició la promoción del Diaconado Permanente sobre todo entre los indígenas, como una forma de que la Iglesia se encarne y crezca en estas culturas. Al término de su servicio en mayo del año 2000, había 341 diáconos permanentes.

Desde 1982 hasta 1995, impulsó la atención a los refugiados que habían huido de Guatemala, por la guerra en ese país.

En 1993, publicó su Carta Pastoral: “En esta Hora de Gracia”, en que advertía la gravedad de las injusticias contra los indígenas.

De 1994 a 1998, sirvió como Mediador en el conflicto entre el EZLN y el Gobierno Federal, fundando la Comisión Nacional de Intermediación (CONAI) en octubre de 1994. El 16 de febrero de 1995, participó en la firma de los “Acuerdos de San Andrés”.

El 20 de julio de 1994, convocó el III Sínodo Diocesano, que se inició en forma solemne el 25 de enero de 1995, y se clausuró el 3 de noviembre de 1999, día en que cumplió 75 años de edad. En esa fecha, fiel a lo prescrito por el Concilio Vaticano II, firmó su renuncia a la Diócesis, que le fue aceptada hasta el 30 de marzo del año 2000. Desde este día al 1 de mayo de 2000, fungió como Administrador Diocesano, hasta la llegada de su sucesor.

Decidió como residencia posterior, para respetar la labor pastoral de su sucesor, la ciudad de Querétaro, donde permaneció hasta el final. Desde aquí, siguió sirviendo a los indígenas y la causa de los pobres, en cualquier lugar y circunstancia que requiriera su presencia.

Su lema episcopal fue: Edificar y Plantar. Y aludiendo a su lema, así terminó su homilía el 25 de enero de 2010, en sus bodas de oro episcopales, en la Plaza Catedral: “Damos infinitas gracias al Señor, Trino y Uno, por habernos hecho hijos suyos y por habernos llamado como pastor de su Iglesia, para edificar y plantar su Reino de justicia, de amor y de paz”.

Deja como legado su esfuerzo por:

1. La promoción integral de los indígenas, para que sean sujetos en la Iglesia y en la sociedad.

2. La opción preferencial por los pobres y la liberación de los oprimidos, como signo del Reino de Dios.

3. La libertad para denunciar las injusticias ante cualquier poder arbitrario.

4. La defensa de los derechos humanos.

5. La inserción pastoral en la realidad social y en la historia.

6. La inculturación de la Iglesia, promoviendo lo exigido por el Concilio Vaticano II, que haya iglesias autóctonas, encarnadas en las diferentes culturas, indígenas y mestizas.

7. La promoción de la dignidad de la mujer y de su corresponsabilidad en la Iglesia y en la sociedad.

8. Una Iglesia abierta al mundo y servidora del pueblo.

9. El ecumenismo no sólo con otras confesiones cristianas, sino con toda religión.

10. Una pastoral de conjunto, con responsabilidades compartidas.

11. La Teología India, como búsqueda de la presencia de Dios en las culturas originarias.

12. El Diaconado Permanente, con un proceso específico entre los indígenas.

13. La reconciliación en las comunidades.

14. La unidad en la diversidad.

15. La comunión afectiva y efectiva con el Sucesor de Pedro y con la Iglesia universal (III Sínodo, 571).

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: